Dictar talleres y cursos de caligrafía o lettering me ha hecho aprender más que enseñar.
He aprendido que hay muchas personas que al igual que yo aman escribir.
Que el tiempo mientras se desarrolla la clase pasa «volando» y que nunca queremos que acabe.
Que disfruto tanto esos momentos que logro dejar a un lado las preocupaciones, justo eso trato de que también les ocurra a mis alumnas.
Que definitivamente logro que conecten con su parte creativa para tener muchas sonrisas.
Que en oportunidades traemos recuerdos de buenos momentos y conectamos con nuestra niña interior, así contagiarnos de mucha alegría.
Que cada una logra reconocer sus habilidades para expresarse y me hace sentir bien.
El cúmulo de enseñanzas que he tenido con este bello arte me encanta ponerlo al servicio de los demás, lograr que la caligrafía se convierta en el medio para que se regalen ese tiempo que merecen, para que se inspiren y se amen a ellas mismas, no por una imagen, ni por lo que tienen, ni por los años de más o de menos que poseen, si no por lo que aprenden.
Porque la caligrafía es más que una letra bonita, es escribir bonito para sentir bonito.
